La Identidad en Facebook.

Según Ippolita[1], la identidad presentada y exigida a los usuarios de Facebook dista mucho del complejo proceso de construcción identitaria que desarrollamos a lo largo de nuestras vidas.  Entre otros motivos porque este último sufre modificaciones constantes. Es un proceso dinámico y no un estado inalterable realizado de una vez y para siempre. Esto se debe a nuestra condición humana, sobre la cual Paulo Freire nos define como seres inacabados[2]. Según este autor, ser concientes de este inacabamiento es lo que impulsa a la posibilidad del aprendizaje y la enseñanza. Lo fundamental desde esta perspectiva del concepto de identidad es que el reconocerse es inseparable del conocer, es decir de poder percibir lo que no soy, lo diferente a mi. En cambio, en Facebook no habría un reconocimiento de lo diferente sino una búsqueda de los iguales, de lo homogéneo, de los gustos compartidos y ningún espacio para la diversidad, el debate, la discusión o el conflicto. Las expresiones deben ser todas afirmativas y certeras; sin lugar a dudas. Esta falta de preparación para la incertidumbre, así como para un pensamiento interrogativo es lo que Edgar Morin[3] critica a la formación escolar. Para este autor sería necesario descartar los dogmatismos y el pensamiento secular y problematizar todo aquello que nos viene dado. Es lo que sucede también con las redes sociales, en las que se pregona la libertad y autonomía del usuario, pero muy por el contrario, como indica Ippolita, lo que existe es una delegación de nuestras libertades a un grupo de tecnócratas y a empresas privadas que gestionan y deciden lo que nos dicen que es mejor para nosotros.  Por su parte, Fichy[4] resalta cierto individualismo positivo, según el cual cada uno podría construir su identidad y Manovich[5] coincide en que cada individuo puede construir su propio estilo de vida. Desde el punto de vista de Ippolita, la autonomía en Facebook aparece como complementaria de su carácter heterónomo, ya que el autor dice que se puede ser autónomo en Facebook pero en la acepción del término que significa controlarse a sí mismo. Para Ippolita además de controlar a los otros uno se auto-controla y además dedica un gran esfuerzo a mantener esa identidad virtual. Hay que declarar constantemente lo que nos gusta y saber lo que les gusta a nuestros “amigos”. Asimismo, las reglas vienen desde afuera, están preestablecidas y dependen de otros. Es lo que Himanen[6] denomina el modelo de la catedral, según el cual todo está planeado por otros y cuyo desarrollo es a puertas cerradas. En cambio, él propone un modelo de enseñanza-aprendizaje (La Academia) basado en la cooperación y la simetría. Se compartirían experiencias entre pares (distinto de iguales) que se nutrirían de las mutuas diferencias y diversos puntos de vista. En oposición a lo que plantea Flichy sobre las prácticas informáticas en las que el individuo se socializaría de manera fuerte en grupos de iguales, se trataría en este caso de “compartir” como un comportamiento ético fundacional y de una necesidad de búsqueda y construcción entre seres inacabados y no de “compartir” como un imperativo para poder pertenecer a una red de reafirmaciones constantes de la identidad creada dentro de los parámetros establecidos por un grupo privado y en la que el yo construido y la relación con los otros, aparecen como esos espejos enfrentados que reflejan la propia imagen infinitamente.

Ariel Markdorf (Facebook y otros medios sociales en Internet)


[1]Ippolita (2012): En el acuario de Facebook, Enclave de Libros, Madrid.

[2] Freire, Paulo (2003/2008): “La práctica de la pedagogía crítica” y “Elementos de la situación educativa” en El grito manso. Buenos Aires: Siglo XXI.

[3] Morin, Edgar (2010): “Anotaciones para un nuevo Emilio. Transmisión sistémica del conocimiento” en Signo y Pensamiento 56 · pp 42-49 · volumen XXIX . Bogotá (Colombia)

[4] Flichy, Patrice: “El individualismo conectado. Entre la técnica digital y la sociedad”, Telos nº 68, Madrid, 2006.

[5] Manovich, Lev (2006): “¿Qué son los nuevos medios?” En El lenguaje de los nuevos medios de comunicación. Buenos Aires: Paidós

[6] Himanen, Pekka (2002) “La academia y el monasterio” en Himanen, Pekka (2002) La ética del hacker y el espíritu de la era de la información. Madrid: Destino.

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