LA TRASCENDENCIA SACRIFICA LO PRIVADO

En el apartado “La privacy ha muerto. La ideología de la transparencia radical”, Ippolita afirma que los datos en la red social Facebook al  ser de dominio público y por lo tanto invasivos de  la privacidad personal,  benefician  la cosecha de una publicidad difusa.

Cuando se ingresa a la red social se está abriendo una puerta para invitar al público a nuestra privacidad. Pero esa privacidad muchas veces puede no ser la privacidad real. Quien no ha puesto la mejor foto, el mejor comentario para con los amigos o un “me gusta” obligado. Esa privacidad conocida no sirve para evaluar a las personas. A la empresa Facebook no le interesa el desarrollo de  las relaciones sociales. Le importa saber que nos provoca satisfacción para ofrecer la solución comercial.

Si bien esto puede confirmarse, también es cierto que esta situación no nace con la aparición de Facebook sino que está afianzada desde los servicios de correos electrónicos, Messenger y demás redes sociales.

Facebook se define a sí mismo como “un servicio gratuito que se financia a través de la publicidad. No compartimos información sobre ti con anunciantes sin tu consentimiento. Permitimos a los anunciantes seleccionar las características de los usuarios a los que desean mostrar su publicidad, y utilizamos la información que los usuarios comparten con nosotros para presentar estos anuncios en Facebook y fuera de Facebook”.

Estamos avisados aunque nadie percibe esta real dimensión. Todo pasa a segundo plano en pos de la figuración, de la trascendencia o del ojo interesado del o los “amigos”. El objetivo de una red social, dice el autor, es hacer circular las informaciones. Por eso es imposible hablar de privacidad dentro de una red. Sólo se podría solucionar estando fuera de ella. Pero como eso nos hace “invisibles”, somos cómplices de esa transparencia radical de la que habla Ippolita.

 

Anuncios