Usos del Lenguaje: Entre lo público y lo privado

Todos conocemos algún caso en dónde se cierra una determinada cuenta de Facebook alegando la violación de la declaración de los derechos de las responsabilidades de Facebook. Esto ocurre, supuestamente, para prevenir contenidos violentos, obscenos y muchas otras cosas que atentan contra la moral ¿De quién? De Facebook, después de todo es una sociedad privada ¿o no?
No hace mucho tiempo, hablaba con mis hermanos acerca de lo sucedido con las miles de amenazas que recibió la corresponsal mexicana, Cecilia González, luego de realizar un informe con fotografías del grupo M.A.F.I.A (http://mafiaargentina.wordpress.com/). Fueron amenazas muy violentas pero que quedaron bajo una especie de nube de polémica sobre la movilización del “8N” (2012).
Cómo comenta Ippolita, los gestores de los social media contribuyen decididamente a establecer lo que es lícito y lo que no lo es, plasmando las reglas de la sociedad en la que vivimos. A través de la censura, es decir de un dictamen, un juicio acerca de de algo específico, Facebook se postula como un garante de una neutralidad en la red que apela directamente a un moralismo específico muy poco neutral. Pero ¿esta acción puede desencadenar la prisión de alguien? ¿”Ser uno mismo”, “transparente” puede evaluarse y juzgarse como un delito?
Ippolita señala que el moralismo de Zuckerberg roza la mentira cuando sostiene que una sola identidad, clara y precisa, es necesaria para no engañar a los demás, aparte de engañarse uno mismo, ahora bien, cómo actuaria esta moral si yo señalara públicamente en el muro de mi perfil sincero y transparente mi deseo de matar una persona, por nombrar alguna, Mauricio Macri?
“Me comprometo a matar a Jerónimo Alberto Uribe, hijo de Álvaro Uribe”, así se llamaba el grupo de Facebook por el cual el día 9 de julio del 2009 Jerónimo Uribe Moreno (uno de los hijos del presidente Álvaro Uribe) denunció a Nicolás Castro, alegando la presencia de conductas punibles de terrorismo y amenazas. El grupo se definía por reunir a “ aquellos que quieren vengarse del bellaco, tirano gobernante, ilegítimo, masacrador, genocida, cobarde, monstruo llamado Álvaro Uribe Vélez, asesinado a su no menos criminal y no menos bárbaro hijo Jerónimo Alberto Uribe, para hacer sentir a esta familia de degenerados lo que es perder a alguien que comparte lazos de sangre con uno mismo para que les llegue hasta el alma el horror de la guerra y porque cuando matemos a Jerónimo Alberto Uribe, solo faltará el padre de ese explotador y miserable”.
Nicolás Castro estuvo preso por más de tres meses hasta que fue absuelto por la justicia colombiana que sostuvo que no había pruebas materiales suficientes para culpabilizar a Nicolás por la creación del grupo.
Alrededor de este hecho, miles de personas comenzaron a movilizarse para solicitar que liberaran al estudiante de bellas artes, que era una persona buena, incapaz de matar a una persona. Se apeló de diferentes a la calidad de Nicolás como ciudadano colombiano, un excelente ser humano. Se contrapuso la realidad social y cotidiana del estudiante frente a cosas que se encontraban en la red, alegando que no se le otorgaba un valor de realidad a aquello que existía en internet.
A través de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá-Colombia se incentivó a la interpelación de la sociedad para presionar y obtener la libertad de Nicolás, los estudiantes de dicha universidad se convirtieron en activistas del caso de Nicolás Castro. Una de las acciones más conocidas fue llevada a cabo en la universidad y bajo la consigna “Aquí falta alguien”.
Colectivamente se lucho por la absolución de Nicolás Castro y creo que esta batalla se dio en el límite, en la frontera de lo verdaderamente público y privado. Dónde el uso del lenguaje asociado a un ámbito “privado” puesto a disposición pública adquiere un valor performativo que alcanza lugares inesperados, la cárcel.
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