Entretenimiento: Alternando entre juegos electrónicos y Actividades artísticas y deportivas.

Cómo se divierten los chicos hoy

Qué actividades priorizan los niños en su tiempo libre; cómo hacer para que la tecnología no arrase con las actividades artísticas, deportivas, el juego y la lectura

Por Micaela Urdinez  | LA NACION

Alejo vivía con su familia (padres y dos hermanas) en un departamento de tres ambientes en Villa Pueyrredón. Y si bien sus padres se las ingeniaban para que pudiera hacer actividades deportivas o artísticas después del colegio, lo cierto es que pasaba la mayor parte de su tiempo libre expuesto a pantallas. “Podía estar cuatro o cinco horas, sobre todo con la tele. No había espacio y se tenía que entretener con algo”, cuenta su madre, Lorena.

Hace un mes, la familia se mudó a una casa de cinco ambientes, con patio y terraza en Villa Maipú, y su relación con la tecnología cambió notablemente: hoy, el promedio de horas que destina a cualquier aparato electrónico bajó a 2 o 3 por día. El hecho de tener más espacio y más posibilidades de juego hizo que disminuyera su interés por mirar videos en YouTube, jugar en la computadora, con la PlayStation o mirar televisión.

Alejo es sólo uno de los exponentes de esta nueva generación de nativos digitales que dialogan en forma permanente con el DVD, los videojuegos, los teléfonos celulares, los reproductores multimedia portátiles, la computadora y la televisión, y que a la hora de divertirse encuentran en la tecnología un aliado ideal para pasar el tiempo.

Pero si bien es cierto que una gran c antidad de niños realiza un uso abusivo de las nuevas tecnologías o de la televisión, también lo es que casi la mitad de la niñez aún suele jugar al aire libre con una frecuencia recomendada (3 o más veces por semana). Esto quiere decir que si se les dan las herramientas y los espacios necesarios, los niños disfrutan de poder correr, ensuciarse, jugar, inventar cosas y desplegar todas sus potencialidades.

Porque ya es sabido el profundo impacto que puede tener el juego, el deporte, el arte y la lectura en la vida de los niños. Además de que los ayuda a crecer intelectual, mental, emocional, física y socialmente, también los lleva a experimentar diferentes estados de ánimo, poner a prueba sus conocimientos, aprender la relevancia de jugar en grupos, disfrutar de competir sanamente, desplegar su imaginación y tolerar las diferencias, entre tantos otros aprendizajes.

En el caso de Alejo, como actividades extraescolares asiste a una escuelita de fútbol en el barrio dos veces por semana, lo que lo llevó a fanatizarse por Boca Juniors y el Barcelona. Los sábados desarrolla sus dones percusionistas (acaba de recibir una batería para su cumpleaños) en la Escuela Popular de Percusión que La Chilinga desarrolla en su sede de Saavedra.

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Por las tardes, los chicos de Las Tunas se divierten en la ludoteca de la ONG Potencialidades.. Foto: Rodrigo Néspolo

 

Según un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA, en los niños de entre 5 a 12 años, la propensión a estar más de 2 horas diarias expuestos a una pantalla alcanzaba al 62,1% en 2011. En esta misma franja etaria, el 69,9% jugaba 60 minutos diarios o más y el 51% solía leer textos impresos, pero sólo el 36,6% realizaba actividades físicas o deportivas extraescolares y el 19,2% actividades artísticas o culturales. Esto quiere decir que los ámbitos deportivos y artísticos son caldos de cultivo creativos que todavía falta explotar.

“Los chicos después de clases andan vagando por la calle, jugando en las zanjas o tirando piedras. No hay propuestas lúdicas y entonces se la pasan pegados a la computadora o la tele. Los chicos no están cuidados por sus padres y la calle es su nuevo lugar”, sostiene Andrea Mettler, presidenta de la ONG Potencialidades, que maneja 7 ludotecas en zonas marginales del conurbano bonaerense. Y agrega: “Queremos potenciar lo que cada chico tiene adentro. Y es una belleza ver los frutos. Nos dedicamos a la prevención primaria y con muy poquito hacemos mucho”.

Son 800 los niños de hasta 18 años que encuentran en estas ludotecas un lugar de estímulo, de amor, de contención, donde reciben ese abrazo que muchas veces no encuentran en sus propias casas. “El chico que recién entra hay que domarlo como un potrillito. Es una doma desde el amor. Acá aprenden la existencia de reglas, normas de comportamiento, a hablar distinto. El chico es una esponja de aprendizaje. Armás el espacio y el chico florece. El jugar es natural en el chico y las ludotecas son 2 horas de semáforo verde para que puedan ser niños”, explica Mettler.

 

 

 

En cada rincón de la ludoteca Madre Teresa del barrio Las Tunas, en General Pacheco, provincia de Buenos Aires, cerca de 150 niños de 2 a 18 años saltan, gritan, charlan, se disfrazan, pintan, sueñan y arman historias en la que cada uno es protagonista. Algunos juegan al fútbol, otros se inclinan por las hamacas, las más chicas prefieren la casita de las muñecas, mientras que los más intelectuales se concentran en el ajedrez. Bloques de madera, sube y baja, instrumentos musicales, biblioteca. Las opciones son casi infinitas a la hora de estimular su imaginación.

Zoe, con sus 5 años, no suelta su cartera por ningún motivo y parece desfilar a cada paso. Viene con sus cinco hermanos a la ludoteca todas las tardes y sale corriendo a la casita de las muñecas a jugar a la mamá con otras amigas. “Lo que más me gusta es jugar al ¿Lobo está?, porque puedo correr a los otros chicos”, dice con una sonrisa pícara.

“Aceptamos a todos los chicos que quieran venir a jugar, a aprender, a pasarla bien. A veces vos querés imponer una rutina y a ellos no les interesa. La idea es que sean libres y felices con los juegos”, cuenta Lidia Romero, que hace 5 años coordina este espacio que funciona de lunes a viernes, de 16.30 a 19, y sábado, de 15 a 17. Además de poder disfrutar del lugar, los niños reciben una merienda y todos los años trabajan sobre un lema vinculado con valores.

Lautaro (13) y Vicky (17) juegan en el mismo equipo y patean la pelota de fútbol por toda la cancha sintética del predio. Junto con ellos, otros adolescentes de uno y otro sexo se entremezclan para participar de la contienda. A Lautaro un amigo lo invitó hace dos años a ir a la ludoteca y nunca más se fue. Está en 2° año de la Escuela N° 39 y cuando sea grande quiere ser policía. “Cuando no venía acá me iba a lo de mi papá o me quedaba en mi casa, jugaba con mis hermanos y a la Play. En la ludoteca lo que más me gusta es jugar a la pelota, ayudar a poner las hamacas o en la cocina a preparar la merienda”, explica el joven en el entretiempo del partido.

 

 
En la ludoteca de Las Tunas, las chicas prefieren disfrazarse mientras pintan. Foto: Rodrigo Néspolo

 

“Cada uno que llega saluda con un beso y se lo llama por su nombre. Cuando yo llegué acá ninguno tenía nombre. Todos eran Loco, Gato, Guacho. Acá aprenden a llamarse por su nombre y eso los refuerza en su identidad”, concluye Romero.

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El avance sin tregua de las nuevas tecnologías ha llevado a que los niños y adolescentes tengan un acceso cada vez más familiar con las mismas. Según cifras del ODSA, el 59,4% de los niños de 5 a 12 años cuenta con computadora en su casa, el 46,5% tiene Internet, el 36,2% tiene celular y el 75,4% tiene cable. ¿Cómo pueden hacer entonces los padres para contrarrestar la cantidad de horas expuestos a pantallas y el impacto que esto tiene en su día a día?

“La exposición casi omnipresente al punto virtual tiene como contrapartida el desapego por el mundo real, y el manejo de la tecnología por parte de los niños es prácticamente autónomo. O por analfabetismo tecnológico de muchos adultos o por desinterés, los chicos están en condiciones de darse la ley a sí mismos en el manejo de medios (televisión, celular, computadoras, juegos, tablets). Estos medios son el líquido amniótico en el que los chicos se mueven”, sostiene Eduardo Allegri, asesor en la Asociación Contenidos – Medios y Sociedad, a la vez que alerta sobre el hecho de que hoy la coexistencia entre el mundo virtual y el real expone a niños y jóvenes a numerosos peligros que requieren de mucha más atención de la que los adultos le están dando.

 

 

 

Según sus estimaciones, el consumo mediático televisivo no ha variado en los últimos 30 años, y sigue siendo un promedio de 3,5 horas por día. Estos datos se han mantenido en el tiempo, pero el problema consiste en que se han agregado muchas más opciones virtuales y el tiempo real sigue siendo finito.

En esta misma línea señala que “¿esto quiere decir que los chicos no hacen deporte, no van al colegio, no se van de vacaciones o hacen programas entre ellos? No, también socializan con chicos reales en forma real. El problema es que el tiempo que les insume el consumo mediático es mucho mayor”.

Por eso Allegri invita a los padres a poner el ojo en que los niños estén más en contacto con el mundo real y afiancen las relaciones reales, generando un equilibrio con el mundo virtual. “El hombre está hecho para vivir en un mundo real, no virtual. Y necesita tiempo humano para leer, para comprender, para relacionar. El medio se está poniendo en el medio del hombre y la realidad. Y está cumpliendo la función de fin porque los chicos mucha veces sólo pueden llegar a la realidad a través de él”, concluye Allegri.

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Pero tampoco sirve presentar las nuevas tecnologías como un monstruo que fagocita la mente, la expresividad y el desarrollo de los niños. Por el contrario, son muchos los especialistas que señalan que bien utilizadas pueden ser un medio ideal para potenciar buenos hábitos y aptitudes.

“Si bien hoy los chicos en su tiempo libre pasan muchas horas frente a la tablet, el televisor o la computadora, también es cierto que están mucho más en contacto con la palabra escrita porque viven con los SMS, con Facebook y con los chats. Más allá del resto de posibilidades que les brinda la tecnología, también les permite ser mucho más activos en este sentido. Todas estas acciones son valiosas porque son formas en las que los chicos se están comunicando y porque están aprovechando el tiempo libre para adquirir habilidades comunicativas. Tampoco hay que desconocer que cuando el chico está jugando con la computadora o con los videojuegos también está desarrollando aptitudes cognitivas y habilidades complejas”, afirma Patricia Mejalelaty, directora ejecutiva de la Fundación Leer, destacando el efecto positivo que pueden tener las nuevas tecnologías en la promoción de la lectura.

 

 
El fútbol es una de las actividades preferidas de los chicos que asisten a la ludoteca Madre Teresa de la ONG Potencialidades. Foto: LA NACION / Rodrigo Néspolo

 

Para la Fundación Leer, lo importante es que el chico lea, más allá del formato o del soporte. “El libro electrónico es fantástico porque democratiza el acceso a los textos. La tecnología puede ser una gran aliada para que cada vez más chicos tengan acceso a los libros. El problema es cuando el libro compite con la computadora o la televisión porque el tiempo libre es uno, es finito y los chicos tienen que elegir. Ahí depende de sus intereses, de su familia y de sus posibilidades de acceso”, agrega Mejalelaty, quien representa a una ONG que tiene desplegados más de 2662 rincones de lectura en todo el país.

Según números de la ODSA, el 51,9% de los niños de 5 a 12 años suele leer textos impresos en su casa y el 66,2% cuenta con libros infantiles. Esta oferta es importante para que la lectura también aparezca como opción posible después de la escuela. En este sentido, Mejalelaty destaca un nuevo estilo de literatura orientada específicamente a los jóvenes, que incluyen sagas como Harry Potter, Los juegos del hambre, Crepúsculo o Correr o matar, por citar unos ejemplos. “Esto genera imágenes como ver a los chicos leyendo en los recreos desesperados por avanzar en la historia. Siempre los protagonistas son chicos que tienen que atravesar diferentes desafíos. Estas novelas también sirven como excusa para que ellos puedan dialogar a partir de lo leído”, afirma la especialista, a la vez que sostiene que otro fenómeno que está despertando el interés de los chicos son las revistas. “Publicaciones específicas como TKM o Gaturro despiertan fascinación y los chicos buscan sus historietas. También existen un montón de autores nacionales como Luis Pescetti que ya tienen ganado el corazón de los chicos. Y lo interesante es lo que generan durante y después de la lectura. Uno puede ver teatros enteros llenos de grandes y chicos cantando sus canciones”, dice Mejalelaty.

En base a su experiencia, Mejalelaty afirma que son los padres los que de alguna manera tienen que organizar y colaborar con el buen uso del tiempo libre de los chicos. “La tecnología está introduciendo muy rápido a los chicos en nuevos lenguajes. Tienen un enorme caudal de información que no siempre pueden manejar. Y acá son los padres los que tienen que intervenir para organizarles el tiempo libre y aportarles un marco de actuación para el uso de las nuevas tecnologías. Es importante que el chico siempre esté con un adulto al lado que lo asesore para poder pasar juntos un tiempo de calidad.”

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Antes los chicos salían a la calle a patear una pelota o se subían a la bici a recorrer todos los recovecos del barrio. Hoy, estas postales son cada vez más raras de encontrar, y las posibilidades de hacer algún deporte después de clases son reducidas. Algunos chicos asisten a clubes deportivos o propuestas barriales, pero la gran mayoría no encuentra espacios de este tipo cercanos a su casa o que sean económicamente accesibles.

De hecho, según la OSDA, un 63,9% de los niños de 5 a 12 años tiene un déficit en actividades deportivas extraescolares. Para contrarrestar esta realidad, la Fundación DAD acompaña a 34 comunidades en la provincia de Buenos Aires, San Juan, Corrientes, Jujuy y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, para que puedan ofrecer propuestas deportivas para 2000 niños y jóvenes en contextos de pobreza.

“Están los chicos que tienen padres que no se ocupan de ellos. Son los que viven en la calle, en los pasillos, y a veces van a la escuela. Van a un comedor, pero no tienen otros estímulos o viven en la calle y con situaciones de adicciones. También tenés otros participantes con padres que los acompañan en su proceso, pero que por no tener espacios de desarrollo en sus casas eligen que su hijo participe de una propuesta sana de desarrollo personal y comunitario como la nuestra. Quieren que sus hijos se desarrollen, se integren, en vez de estar en su casa. Si no las mujeres suelen estar mucho en la casa, mirando televisión, cuidando a sus hermanitos y ayudando con las cosas de la casa. En cambio, los varones suelen jugar más a la computadora, ayudar en la casa o mirar mucha televisión”, dice Melchor Villanueva, director ejecutivo de Fundación DAD.

 

 

 

Estos espacios ofrecen actividades como fútbol, rugby, hockey, voley, básquet, que se desarrollan dos veces por semana y cada 15 días se lleva a cabo un torneo los fines de semana. “Se trabaja en el desarrollo personal y la integración comunitaria. La autoestima, comprender cuáles son los límites, cuáles son tus fortalezas, trabajar la escucha. Y entender que soy parte de un conjunto con otros, valorar un espacio colectivo, tener objetivos con otros. En los barrios hay mucha integración porque hay muchas visiones diferentes, porque eso es muy enriquecedor”, agrega Villanueva.

Iara está casi recostada sobre una mesa de madera en la que se despliegan rollos de papel higiénico, revistas, lápices, envases de huevos, latas y marcadores, entre otras cosas. Va agarrando materiales mientras piensa qué invención diferente puede hacer con ellos. Tiene 9 años, y hace dos que asiste al taller de reciclado del Centro Cultural Puertas al Arte, en Beccar, y que depende de la ONG Crear Vale la Pena.

Por las mañanas, Iara va al 5° grado del Colegio Malvinas Argentinas y casi todas las tardes va al centro cultural a aprender piano, multidance, hip-hop, danza-teatro y danza árabe. “Me gusta venir porque juego, aprendo, me divierto y hago cosas creativas. Cuando estoy en casa miro tele, juego a la compu o con mi vecina”, dice esta niña de espíritu inquieto.

Su caso escapa a las estadísticas que señalan que el 82,4% de los niños de 5 a 12 años presentan déficit en actividades artísticas, lo que reduce notablemente sus posibilidades de socialización.

A su lado, Mateo, de 10 años, está pintando en una gran cartulina un cielo con marcador celeste junto a otras cuatro compañeras. Va al 6° grado del mismo colegio y de grande quiere ser policía. “Cuando estoy en casa me gusta jugar al juego de Dragon Ball en la Play, con la computadora, y mirar tele. Pero me gusta más venir al centro porque hay más cosas para hacer, puedo pintar y armar cosas y además estoy con amigos”, resume Mateo.

Son más de 250 los chicos que asisten a este centro cultural de lunes a sábado, para aprender danza, teatro, música, artes visuales, stencil, reciclado y cocina, entre otros. “¿Qué hacen los chicos después de la escuela? Hacen la tarea y los padres después no quieren que estén todo el día con la Play o la computadora. Entonces los mandan acá porque en este espacio, los chicos encuentran lo que quieren hacer y descubren su camino. Puede ser la danza, la música, el arte. Nosotros estamos acá para acompañarlos en su transformación”, cuenta Clarisa Aquino, profesora del taller de reciclado.

Para Inés Sanguinetti, presidenta de Crear Vale la Pena, el arte más que un tiempo libre es un tiempo para la libertad. “Este es un lugar que impulsa a las personas a que encuentren su don para ser lo que realmente son. Nos concentramos en los más vulnerables, que son los pibes chorros. Este es un espacio de alfabetización cultural que busca desnaturalizar ese destino que se supone que tienen por el lugar en el que nacieron, y colocar en esa subjetividad un lugar de prestigio social. Queremos encender la llama del deseo de la equidad y la dignidad.”

 

 
Iara, de 9 años, hojea unas revistas en el taller de reciclado del Centro Cultural Puertas Al Arte, en Beccar, provincia de Buenos Aires. Foto: LA NACION / Rodrigo Néspolo

 

Roxana Díaz, coordinadora del Centro Cultural Puertas al Arte, cuenta que la mayoría de los chicos que asisten al centro son de los barrios cercanos como La Cava, San Cayetano y Sauce. “Muchos salen de la escuela y se vuelcan a la calle o están mucho con la computadora, en especial con Facebook como una herramienta para socializar, pero de esa forma no crean ni construyen ni descubren nada. Por eso nosotros buscamos hacer una transformación en ellos. Que la única opción no sea salir de la escuela e ir a vaguear, sino que puedan ir creciendo y desarrollándose como personas, saber para qué sirven, que descubran su potencial y creatividad.”

¿Por qué es importante que los chicos estén en contacto con el arte? “Porque el arte no es mentira. Porque la construcción de una obra con otros, la puesta en movimiento de un proyecto colectivo, son realidades que ponen a correr la convicción de que la vida puede modificarse y romper con la idea fatalista de que tenés que repetir tu destino. Esto es nocivo en cualquier contexto: en los de riqueza los chicos sienten que tienen todo dado y no consiguen hacer nada por ellos mismos, y en los más vulnerables se repite la exclusión”, concluye Sanguinetti.

DIXIT

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    “En casa me gusta jugar a la Play, con la computadora y mirar tele. Pero me gusta más venir al centro porque hay más cosas para hacer, puedo armar cosas y además estoy con amigos”
    Mateo
    10 años
    Centro Cultural Puertas Al Arte, de Crear Vale la Pena
    Beccar, Buenos Aires

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    Foto: LA NACION / Rodrigo Néspolo

    “Vengo con mis cinco hermanos y lo que más me gusta es jugar al ¿Lobo está? porque puedo correr a los otros chicos”
    Zoe
    5 años
    Ludoteca Madre Teresa de la ONG Potencialidades
    Las Tunas, Buenos Aires

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    “En la ludoteca lo que más me gusta es jugar a la pelota, ayudar a poner las hamacas o en la cocina a preparar la merienda”
    Lautaro
    13 años
    Ludoteca Madre Teresa de la ONG Potencialidades
    Las Tunas, Buenos Aires

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