Juegos no tan inocentes en la WEB

Encontré en este artículo de Clarín algunos de los temas que venimos analizando en Constructo:

– En relación a los problemas técnicos y con la seguridad de las páginas, el autor las llama “trampas cazabobos que circulan en Internet”.

– Se hace referencia al “cúmulo impensable de datos”, que trae riesgos y no sólo por los “hackers” que roban nuestros datos y pueden publicar cosas que no queremos que se hagan…. ¿públicas? .

-Se habla sobre la  “Identidad lúdica” de las redes, en la que perdemos la consciencia y la noción de peligro que puede existir, al dar “información que no debería traspasar el universo íntimo”.

Finalmente, rescato cuando dice: “Internet, pese a tanto riesgo y aunque cotidiana, nos sigue fascinando”.

http://www.clarin.com/opinion/Juegos-inocentes-Web_0_888511263.HTML

Juegos no tan inocentes en la Web

Por Marcelo A. Moreno

24/03/13

Ya llegan con periodicidad: cada tanto, aparece un mail que me informa que mi cuenta bancaria (en un banco en el cual efectivamente tengo una) sufrió un problema técnico y que para ser resuelto y pueda seguir operando debo hacer perentoriamente un click en el lugar indicado. Abierto ese lugar, accedo a un cuestionario en el cual ¡por razones de seguridad! me piden todos mis datos, claves incluidas. Es una trampa cazabobos  de las muchas que circulan por Internet.

Y son famosos, porque llevan años, los mails que supuestamente provienen de algún país africano en el que el presunto heredero de una millonaria fortuna nos pide libre acceso a nuestra cuenta bancaria para depositar allí una parte de su carrada de dinero  que no puede sacar de su país por las caprichosas leyes que allí rigen, molestia por la cual nos obsequiará una jugosa comisión.

Ultimamente muchos recibimos mails que avisan que la plataforma desde la que operamos está al borde del colapso, por lo que nos envía a una página llena de preguntas personales.

También nos ofertan -a través de mails- miles de direcciones de mails con probables clientes agrupados por aficiones, profesiones o capacidad económica.

¿Hay más cuerpos celestes en la Vía Láctea que informaciones en Internet? La pregunta es ociosa, pero puede dar una dimensión del cúmulo impensable de datos  que gira en la Web.

Esto trae riesgos y no sólo por acción de los hackers, capaces de difundir por la Red las imágenes más íntimas de Florencia Peña con su ex marido en capítulos (¿la autofilmación figurará como protocolo estricto en la vida sexual del siglo XXI).

Porque también los chicos están en Facebook y se pueden relacionar -como ocurrió con una nena de 12 años de La Plata- con un pedófilo que se presentaba con perfiles truchos de niñas, con lo que logró que la nena en cuestión terminara mandándole fotos suyas desnuda.

Hasta el empresario Diego Filo, secuestrado y liberado en estos días por una banda de narcos colombianos – supuestamente les debía medio millón de dólares que le habían encargado blanquear- colgó una foto suya en Facebook, a pesar de ser experto en mañas.

Con alarmante levedad  solemos cargar en la red datos que pueden ser utilizados con los más diversos fines, desde comerciales hasta delictivos.

La identidad lúdica  de las redes -me dice un psicoanalista- hace que perdamos consciencia de los peligros que estos juegos nos pueden deparar. Y que quedemos atrapados en la Red.

Así, desaprensivamente colgamos fotos personales o de nuestros hijos o amigos, damos informaciones que no deberían traspasar el universo íntimo, contamos nuestros gustos y aversiones. Todo como medio en broma, medio jugando, metidos hasta el tuétano en el milagro de comunicarnos como nunca, como si nunca más volviéramos a sentir la soledad. Es que Internet, pese a tanto riesgo y aunque cotidiana, nos sigue fascinando.

La fascinante belleza de Helena sedujo a Paris a tal punto que lo indujo al rapto. Pero esa mansa hermosura terminó llevó a Troya sólo guerra y fuego.

No pocas veces en los vericuetos infinitos de la Web caemos quizá en el mismo hechizo  que dominó a Paris y que perdió a aquella ciudad de la cual quedan unas borrosas ruinas y los altos versos de Homero.

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