¡Si no tomas la sopa virtual, te desconecto!

En este artículo de Clarín recurren a conceptos seudo-académicos y “marketineros” como “nativos digitales” y plantea una evolución y defensa de los castigos (Del cinto a la suspensión de la Wii) sin nunca cuestionar la lógica misma de premios-castigos tan vigente en la escuela en particular y en la sociedad en general.

 

http://www.clarin.com/sociedad/Prohibir-celu-compu-duele-chicos_0_913708734.html

 

Castigos 2.0: prohibir el celu, la compu o la play, lo que más les duele a los chicos

POR MARIANA ISRAEL

Para intentar poner límites, los padres recurren hoy a las “penitencias tecnológicas”, como una semana sin Wii o sin Facebook . Los expertos advierten que algunas son “difíciles de hacer cumplir”.

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05/05/13

Para los nativos digitales, quedarse sin tecnología por haberse portado mal es el peor castigo. “No podés usar la Play” les duele mucho más que irse a la cama sin postre o sin ver televisión. Los padres lo saben y por eso la Wii, la tablet, la computadora y el celular son sus nuevos caballitos de batalla a la hora de poner límites.

“Todo el tiempo escucho a los padres decir que, como penitencia, les prohíben a sus hijos la tecnología”, reconoce la pediatra Carolina Marotta, coordinadora del grupo Familia y Crianza de la Sociedad Argentina de Pediatría. Lejos quedaron el “bonete y al rincón” y el “escribí 100 veces no debo…”. La forma de disciplinar a los hijos cambió, y en más de un sentido.

“A partir de la Segunda Guerra Mundial y del libro del Dr. Spock, los padres dejaron de sentirse amos y señores de sus hijo. Viraron de autoritaristas que imponían penitencias sin considerar qué les pasaba a los hijos, a padres permisivos, que los comprendían tanto que no podían decirles que no”, resume Maritchu Chas de Seitún, psicóloga dedicada a niños, adolescentes y orientación a padres.

Marotta coincide en que se remplazó el discurso primitivo (“lo hacés porque yo lo digo”) por una sobreabundancia de explicaciones: “Se pasó al otro extremo y los padres no saben cómo enfrentarse a sus hijos. No ponen límites y cuando quieren hacerlo, no saben cómo”, opina.

Según la licenciada Seitún, a los padres permisivos en algún momento “se les agota el tiempo, el dinero o la paciencia y se convierten de golpe en autoritarios, y los chicos no entienden nada”.

Otro problema común es que por fiaca y también por miedo, los padres de los millennials (nacidos después del 2000) “ no sostienen las penitencias como antes ”, agrega Marotta. Una semana sin Wii es difícil de mantener: “Tenés que quedarte para vigilar que se cumpla porque si no te desautorizaste vos mismo”.

En el otro extremo, la tecnología da lugar a formas crueles de “penitencias digitales”. Se revelaron en los Estados Unidos algunos casos de “Facebook parenting”, una especie de “escraches virtuales” a los hijos cuando se portan mal. Los padres suben al Facebook o Instagram de los chicos, fotos de ellos en poses ridículas o imágenes de sus hijos con carteles humillantes que indican que están en penitencia.

Lejos de las antípodas, los especialistas coinciden en la necesidad de hacer cumplir los límites. “Muchas veces son necesarios los castigos, sobre todo cuando el error se repite y ya explicaste mil veces, por las buenas, tus motivos”, afirma Marotta. A veces, el origen del problema está en los mismos padres, porque no es claro el mensaje: “Un día los dejan hacer una cosa y al otro no”, advierte la licenciada Andrea Saporiti, especialista en familia y profesora del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral.

Elsa Wolfberg, psiquiatra y psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina, aconseja buscar la solución en el entendimiento y la escucha entre padres e hijos. “Un chico caprichoso grita porque le falta algo. Muestra ese síntoma como un déficit en el vínculo”, expresa.

Seitún, por su parte, sugiere hablar de “consecuencias” en lugar de penitencias. Para que los chicos aprendan de la experiencia, recomienda elaborar un sistema de consecuencias preestablecidas, que les permita hacerse cargo de las decisiones que toman.

“Muchas veces los padres tienen miedo de que los hijos dejen de quererlos, cuando sucede todo lo contrario -comenta Saporiti-. Los límites los ayudan a desarrollarse”.

“Los padres no queremos que los hijos sufran y mucho menos por culpa nuestra. Pero el sufrimiento también fortalece. No estoy pensando en hacerlos sufrir a propósito y con maldad, pero sí que a veces una experiencia enseña más que 100 discursos ”, concluye Seitún.

Para el ensayista y pedagogo Jaime Barylko, los límites son “delimitaciones del camino”. En su libro “Los hijos y los límites” habla de la desesperación de transitar en una ruta oscura sin demarcaciones. “Sin esas rayas a los costados, sin esos límites señalados, la gran libertad del camino era un caos de ceguera y miedo. Ahora es distinto. Faltaban esas rayas. Ahora están, y los límites, lejos de oprimir al viajante, lo liberan, lo protegen”.

 

Ariel Markdorf. Grupo 6
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