Celular: tu propio Gran Hermano

Por ahí muchos ya lo sabían pero como yo no me intereso mucho en las apps para celulares no estaba al tanto, existe una aplicación que se llama “Find my friends” diseñada especialmente para smart phones (tampoco tengo uno), que, una vez descargada, podés pedir a cualquiera que también la tenga descargada la autorización para ver dónde está en todo momento la otra persona. Es una suerte de GPS personal, que, si uno acepta los pedidos de sus conocidos, tu ubicación siempre estará a su alcance. Ah! Podés ponerte como “invisible” y ver a los demás, sin que ellos vean dónde estás vos.

Esto me enteré comentando el otro día con una amiga, y la primera reacción mía fue que es sumamente controlador y acosador. La chica que tiene la aplicación, curiosamente, estuvo de acuerdo conmigo, pero argumentó que ella se quedaba más tranquila con eso, así su papá sabía que a la noche había llegado bien a su casa, y ella hacía lo mismo con su novio; por una cuestión de seguridad, se podría decir. Si bien no había pensado en esto, tengo que admitir que me pareció, en ese sentido, muy útil… pero, ¿dónde queda lo íntimo?

Se podría decir que para eso podés ponerte en modo “invisible”, aunque lo que más me “espantó” de la app, no fue lo controlador, porque ya discutimos bastante que está posibilidad está en manos de la tecnología hace tiempo, sino el hecho de que su uso se convierta en una aplicación. O sea, si bien la capacidad técnica está, entre esto y que se le encuentre un uso social, yo creo que hay un gran trecho. Mumford plantea la noción de preparación cultural, alegando que varios inventos se crearon mucho antes que la sociedad estuviera preparada para utilizarlos, para encontrarles utilidad. Que exista esta app, ¿significa que nuestra sociedad está preparada, tiene las herramientas necesarias, le encuentra utilidad, a una aplicación que permita controlar el lugar dónde están los otros, siempre con su consentimiento?

Realmente yo creo que no. Me parece que este tipo de herramientas olvida, y acá disiento con Mumford, que la capacidad técnica no implica un uso social. Desde el punto de vista del control, me parece una obra artística que seguro ejemplificaría para Foucault la tecnología política mejor lograda, entre otras, donde la propia gente acepta poner a disposición de otros información privada. Creo que este tipo de prácticas degeneran la mera idea de la privacidad, sarificandola en pos de “mi propia seguridad”. Pareciera que no importa que la gente sepa dónde me encuentro constantemente, total, “no tengo nada que ocultar”, porque eso me permite estar seguro frente a un mundo que se representa como peligroso. Pero, yo creo que la privacidad no es algo que se construya como reacción: no se debe defender por las dudas de que tenga algo que no quiera mostrar, que quiero esconder, sino que se debe defender por su propia positividad. Creo que el ámbito privado es importante mantenerlo separado de lo público porque me permite desarrollarme como persona, tenga o no cosas que esconder. No vale en reacción al peligro que yo puedo ser para los demás, sino que vale por sí mismo.

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