Las paredes y las fronteras –

Aprovecho este espacio para compratir una perspectiva critica respecto de lo que serían las fronteras de la escuela (en el caso para USA). Si bien el texto habla de las marcas en la escuela y mi tema de interés son los videojuegos; creo que es pertinente pensar que son varios los elementos que pueden influir en el borramiento de las fronteras de la Educación (en función de transformar esas fronteras a otras mas nuevas, creo yo).

Les sugiero como lectores de este post, al releer estas frases, que piensen no solo en las marcas sino también en los dispositivos tecnológicos. ¿Es posible una analogía?

Cito algunos fragmentos de No Logo (Naomi Klein;1998), el capítulo referido a Las marcas y la enseñanza:

Específicamente en los 90´ en Estados Unidos:

El sistema democrático de educación (…) es una de las mejores maneras de crear y expandir los mercados de artículos de toda clase, y especialmente de los que pueden ser influídos por la moda (James Rorty, Our Masters voice, 1934).

Los fabricantes y los cazadores de lo cool se han pasado la mejor parte de la década reintroduciendo las marcas en los colegios y vertiendolas en el molde de la rebeldía adolescente.

La tecnología hizo más crítica la falta crómica de medios pedagógicos durante la década de 1990: al mismo tiempo que los colegios afrontaban reducciones presupuestarias cada vez mayores, los costes de la educación moderna se incrementaban con rapidez, lo que obligaba a los responsables a buscar fuentes alternativas de financiación. Afectadas por la moda de la tecnología informática, las escuelas que no podían adquirir textos actualizados debieron proporcionar a sus alumnos equipos audiovisuales, cámaras de video, ordenadores, aparatos de edición, el último software educativo y acceso a internet.

Hay cada vez más políticos cuya oferta electoral consiste en que cada alumno tenga ordenador, aunque en asociación con las empresas de la localidad. Pero en este proceso, los consejos escolares privan de fondos a asignaturas como la música o la educación física para financiar este sueño tecnológico, y con ello también abren la puerta al patrocinio de empresas y a formas directas de promoción de las marcas en las cafeterías y en los programas deportivos.

Por spuesto, las empresas que derriban las puertas de las escuelas no tienen nada en contra de la educación. Afirman que los estudiantes deben aprender, pero ¿por que no van a leer sobre nuestra empresa, a escribir sobre nuestra marca e investigar sus propias preferencias…

Lograr el acceso a los colegios significa algo más que vender un producto: es una oportunidad espontánea y barata de apropiarde de lo cool…Por esa razón, la red informática intraescolar ZapMe! no se limita a vender espacios a sus clientes, sino que tambien vigila a los alumnos mientras navegan por la red y ofrece a sus anunciantes esa valiosa información de marketing, desglosada según el género, la edad y el códig postal de los estudiantes.

El historiador de la publicidad Stuart Ewen escribe que ya en la década de 1920 se consideraba que enseñar a los niños a consumir era sólo una manera más de promover el patriotismo y la prosperidad económica…En aquella época, las empresas que fabricaban cepillos de dientes visitaban las escuelas estadounidenses para dar “lecciones” de higiene dental…

Como dice Frank Vigil, presidente del sistema ZapMe!: “Los jóvenes estadounidenses están expuestos a la publicidad en muchos aspectos de sus vidas. Creemos que los alumnos tienen suficiente inteligencia para discernir entre los contenidos educativos y los materiales de marketing”. Así lograron que muchos padres y profesores racionalizaran su fracaso en la protección de otro espacio antes público, diciendose que los anuncios que los alumnos no vean en las escuelas o en las universidades, los verán ciertamente en los medios de transporte, en internet o en la televisión cuando regresen a sus casas.

En muchos sentidos, en nuestra cultura las escuelas y universidades son la personificación más tangible del espacio público y de la responsabilidad colectiva…tales espacios, casi sagrados nos recuerdan que los espacios sin marcas son todavía posibles.

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