Será twitteada

turquía

Hace algunas semanas, en De la calle a la red, de lo privado a lo público. 15-M en primera persona, escribí acerca del término “activismo de salón” empleado por Ippolita para referir a “un simulacro de participación hecho de un <me gusta> y un <comparte este link>, de una sincera indignación por las injusticias del mundo, cobijándose en esas pantallas que permiten el acceso a aquella experiencia de puesta en común gestionada por terceros para nuestro bien”.

En respuesta a lo que consideraba una concepción excluyente entre activismo mediatizado y activismo real, físico, relaté de qué manera, en el caso del 15-M español, la red funcionó como un medio eficaz para transmitir informaciones y difundir convocatorias. Y agregaba en esa entrada que gran parte de los que habíamos dado “Me gusta” a lo que se publicaba en internet, luego nos encontrábamos en la plaza, cara a cara, a debatir, pensar y crear alternativas concretas de construcción colectiva. Puesto en los términos que expresé anteriormente, “pensar que las redes sociales limitan la participación al “me gusta” o a compartir un link, obvia el tema de que ante la pantalla hay cuerpos completos, no sólo dedos índices clickeadores, y que esos cuerpos, luego de leer algo en la comodidad de sus casas, calentitos en el sofá junto a la estufa, pueden salir a la calle, ocupar lo público, encontrarse con otros cuerpos y debatir y accionar sobre lo que momentos antes leyeron en la pantalla”.

Desde hace cuatro días, las calles de Estambul -Turquía- están en llamas. La chispa fue un hecho pequeño, casi banal -una sentada en protesta por la tala de árboles en la central Plaza Taksim-, magnificada por una brutal represión policial. A partir de entonces, miles de manifestantes salieron a las calles, la actuación de la policía se intensificó y, a día de hoy, los enfrentamientos ya tienen un saldo de dos muertos y cientos de heridos y detenidos. En línea con la “Primavera Árabe” -en el norte de África- y el “15-M” -en España-, las movilizaciones en Turquía son básicamente de carácter juvenil y apartidario, inorgánicas, y en términos generales expresan un fuerte rechazo al orden político establecido y encarnado en la figura del presidente Erdogan.

969762_492114180853743_79298232_n

Tal como comentaba en mi relato de lo ocurrido en Barcelona, también en Turquía las redes sociales parecen estar jugando un papel importante como vía de comunicación entre los manifestantes. Descartados los grandes medios como fuentes de información legítimas y confiables, se multiplican las páginas de Facebook y los blogs nutridos por contenidos generados directamente por las personas involucradas en la revuelta. Marcelo Expósito, teórico español que estudia entre otras cosas los vínculos entre política y tecnología, compartió en su Facebook una foto del improvisado “centro de medios” de los indignados turcos en la cual se ve a un grupo de hombres munidos con máscaras anti-gas abocados a sus computadoras en medio del caos. Al respecto, Expósito escribe lo siguiente:

“cuando a algunos artistas, curadores y críticos de arte se les llenaba la boca unos años atrás con la hipótesis guattariana sobre la ‘condición postmedial’, no imaginaban en sus trajes de señoritos que se trataba de esto: la nueva prensa libre calzándose una máscara antigas para sortear el bloqueo de la oligarquía mediática global / con turquía, vamos!! sí se puede!! /”

Si ya es potente el hecho de que del “Me gusta” se pueda pasar a la calle, aún más interesante resulta el accionar de quienes desde la calle, poniendo el cuerpo, se dedican a llenar las redes con información de primera mano. En mi entrada anterior escribí que “la manifestación del 15 de mayo es sólo un ejemplo de cómo se produce este pasaje del consumo privado de información a la acción pública y colectiva”; aquí, invirtiendo los términos, podríamos agregar que de la acción colectiva también se generan contenidos para hacerlos accesibles a quien, por el motivo que sea, sólo toma contacto con los hechos -o el relato que de ellos se hace- a través de la computadora. La imagen que abre el post -tomada en la Plaza Taksim- es más que contundente: “La revolución no será televisada. Será twitteada”.

Anuncios