Las difusas ¿líneas? entre lo público, privado e íntimo

A raíz de lo hablado en el práctico de esta semana, y la lectura de Hippolita, no me dejo de sorprender de ciertos comportamientos que se ven en la web, donde queda claro que la gente desdibuja cada vez la barrera (aunque ahora pareciera una línea de puntos difusa) entre lo público, lo privado y lo íntimo.

El libro habla de las denuncias de un sistema que encasilla a los individuos, a través de una fuerte perfilación. Dice también que muchas veces este perfil no es sólo construcción, sino también búsqueda, por parte de los usuarios, aunque después “se nos pega encima sin posibilidad de liberación”. Me parece que esta definición olvida, en primer lugar, que Internet no es el primer lugar donde los perfiles generan “encasillasiones” o estereotipos. En cualquier lugar de sociabilidad podemos encontrar este tipo de reacciones, y la escuela no se queda afuera. Cuántas veces escuchamos en los pasillos de nuestra escuela, o mismo de la facultad (cuando no lo hicimos nosotros) las famosas etiquetas que son tan difíciles de sacarse después: nerd, gordo, cagón, etc. Entonces, creo que es una salida fácil culpar al sistema de la perfilación fuerte que genera, cuando en verdad eso es una práctica pre-existente a internet, luego trasladada a esa tecnología.

Pero, más allá de las etiquetas, o tags, que otros nos pegan, me interesa más bien la construcción del propio perfil, y lo que esto acarrea. Pareciera que las redes sociales generan una posibilidad de, en cierto modo, construirse una identidad, poniendo énfasis en aquello que nos interesa que los otros usuarios de la red vean. Entonces, en LinkedIn no vamos a construir el mismo perfil que en Facebook. Pero, junto a esta “libertad” que nos dan estos medios, parece que hay casos donde nos olvidamos la responsabilidad de publicar información privada, o íntima en el peor de los casos, en un lugar tan multitudinario como Internet. Creo que ningún otro ambiente tiene tanta difusión ni alcance como las redes sociales.

Esta semana comente un caso de una chica de la UCA que había compartido un par de fotos y videos bastante privados, según mi punto de vista, a través de Whatsapp. Yo no tengo esa tecnología en el teléfono y me enteré a través de una amiga. Lo que más me llamo la atención fue la reacción de ella y de su hermano cuando dije si me los podían pasar porque me parecían copados para usar para la facultad. Yo me pregunto: “si ese material está dando vueltas al alcance de cualquiera, ¿es inmoral usarlo para un trabajo educativo, o en una institución más formal?”. Creo que esto nos lleva a preguntarnos sobre la privacidad, y los derechos de privacidad que cada uno tiene. Si la chica en cuestión subió esas fotos a un lugar público como es Internet, ¿no puedo yo sacar provecho de eso, y usarlas para pensar en este materia? La reacción de mi amiga me hizo pensar que pareciera que hay ciertos límites que yo estaba pasando, y que yo no tengo el derecho de usarlo en un lugar tan distinto a Whatsapp, como es el aula. Pero, ¿no es responsabilidad de la chica que subió el material a internet?

Este tipo de situaciones me generan ciertas dudas sobre el corrimiento, o borramiento del límite entre público y privado. Me hace pensar que hay otras categorías que se aplican a la hora de definir las esferas en Internet, distintas a las que aplicamos en la vida cotidiana. Pero, yo les mando el video y la foto… total, si ella las publicó en Whatsapp, ¿no son ahora de todos nosotros?

(no puedo subir el video, porque no me deja el wordpress, pero creo que esto es ilustrativo, aunque el video era justamente en la facultad…)

uca

 

Belén Repetto- Grupo: público y privado

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