Tiempo libre, ¿Tiempo atrapado?

Ippolita afirma en “El acuario de Facebook” que las redes sociales son la expresión máxima del capitalismo reticular que consigue volver productivo el tiempo. El tiempo transcurrido en Facebook para jugar en el espacio no es ni mucho menos ocio creativo, sino todo lo contrario: es tiempo que pasa a incrementar la explotación de la perfilación por medio de nuestra actividad. Los usuarios cada día regalan su tiempo a empresas privadas que lucran con sus datos. Un don quizá inconsistente para millones de individuos, pero que tiene un valor económico extraordinario, al menos en el plano de la masa.

Este tema me llevó al capitulo 10 de La pantalla ubicua, de Diego Levis, Tiempo Libre, tiempo ocupado, el cual retoma el ocio como el uso de tiempo libre sin coacciones ni obligaciones de ningún tipo.
El ocio tiene dos caras, una individual que es una actividad reparadora de la fuerza de trabajo o una actividad impulsada por intereses particulares orientados al crecimiento personal, y a escala social, al igual que el trabajo, el ocio representa relaciones de producción y de distribución de la riqueza.
Las empresas de medios y del sector de las Tic han colonizado las actividades no lúdicas, estando presente el consumo en todas nuestras actividades. Estas empresas (en las que yo incluiría claramente Facebook) intentan conseguir que consumidores y usuarios gastemos todo nuestro tiempo y dinero en ellos, aumentando sus beneficios. El tiempo, preso del mercado, pasa a estar más asociado a la diversión y el entretenimiento mediatizado que a un ocio creativo, convertido así en tiempo prisionero.
El debate que propuse en clase aquella vez, y  propongo hoy es ¿Las industrias del entretenimiento y la diversión, ocupan todo nuestro tiempo? ¿Qué actividades realizamos que “se salen” de esa iniciativa mercantil?
Silvina Ragonessi
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