Unabomber, ¿loco o visionario?

La historia es digna de un thriller pochoclero hollywoodense. Un joven brillante -genio loco, doctor en Matemáticas- se retira a una cabaña aislada en la naturaleza, sin luz, sin internet, a intentar sobrevivir y ser autosuficiente. Durante su reclusión voluntaria, el muchacho aprende no sólo a encender fuegos con piedras sino también a fabricar bombas caseras.

Envía la primera a un profesor universitario. Luego, unas cuantas a compañías aérea, y finalmente logra colar una en el equipaje de un vuelo. El FBI lo investiga y, por atentar contra (un)iversidades y (a)erolíneas, internamente el sospechoso es nombrado como “Unabomber”. La Agencia Federal abre una línea para quien pueda aportar datos ( 1-800-701-BOMB) y el caso llega a los medios. En 1995, tras 25 años en su cabaña y 16 bombas enviadas a tiendas de computación, empresas de publicidad, aerolíneas y universidades -con un saldo de tres muertos y 23 heridos-, el Unabomber envía una carta al New York Times (una carta de verdad, sin bomba) en la cual propone que, a cambio de que le publiquen su Manifiesto, se compromete a dejar de enviar bombas. Tras unos cuantos meses de dudas, finalmente el periódico neoyorkino decide publicar el texto de Unabomber.

El cierre de la historia no tiene desperdicio. El hermano del Unabomber lee el Manifiesto en el periódico e inmediatamente le reconoce el estilo. Una frase en particular termina de convencerlo de que su hermano, Theodor Kaczynski, es el autor de los atentados; invirtiendo el orden de los términos, el Unabomber escribe “you can’t eat your cake and have it too”, en lugar del más habitual “you can´t have your cake and eat it too”. El hermano denuncia a la policía la identidad del terrorista, el FBI se dirige a la cabaña y así detiene al Unabomber. A día de hoy, Kaczynski sigue preso en una penitenciaria de Colorado.

¿Qué dice el Manifiesto del Unabomber? Titulado “La sociedad industrial y su futuro“, el texto es un alegato contra el sistema tecno-industrial y sus consecuencias para el ser humano, alejado irremediablemente de sus metas vitales, guiado por objetivos artificiales, restringida su libertad, cohartada su capacidad de construir autonomía. El Manifiesto comienza con un diagnóstico en esta línea:

“La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana. Ha aumentado enormemente la expectativa de vida de aquellos de nosotros que vivimos en países «avanzados», pero ha desestabilizado la sociedad, ha hecho la vida imposible, ha sometido a los seres humanos a indignidades, ha conducido a extender el sufrimiento psicológico (en el tercer mundo también el sufrimiento físico) y ha infligido un daño severo en el mundo natural. El continuo desarrollo de la tecnología empeorará la situación. Ciertamente someterá a los seres humanos a grandes indignidades e infligirá gran daño en el mundo natural, probablemente conducirá a un gran colapso social y al sufrimiento psicológico, y puede que conduzca al incremento del sufrimiento físico incluso en países «avanzados».”

Ante este panorama, continúa el texto, lo pertinente es emprender una revolución en contra del sistema técnico, industrial, que somete al ser humano:

Por eso nosotros abogamos por una revolución contra el sistema industrial. Esta revolución puede o no usar la violencia: puede ser súbita o puede ser un proceso relativamente gradual abarcando pocas décadas. No podemos predecir nada de eso. Pero sí delineamos de una forma general las medidas que aquellos que odian el sistema industrial deberían tomar para preparar el camino para una revolución contra esta forma de sociedad. No debe ser una revolución POLÍTICA. Su objeto no será derribar gobiernos, sino las bases económicas y tecnológicas de la sociedad actual.

Ahora, llegando ya el final de “En el acuario de Facebook” y tras varios años de Comunicación en las espaldas, propongo un debate sobre el Unabomber. Se lo ha calificado de neoludita (el ludismo es el movimiento obrero inglés de destructores de máquinas en el Siglo XIX) y también de anarcoprimitivista (la vertiente anarquista que promueve una vuelta al estadio preindustrial). Hay quienes lo consideran simplemente un loco y también quienes acuerdan con su posición, más allá de que sus métodos de lucha puedan resultar difíciles de justificar. En todo caso, ¿qué opinan del Unabomber?

 

Nicolás Herman – Equipo 9

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